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domingo, 20 de mayo de 2012

El final de Maurice Ravel y su música

Los primeros síntomas de destrucción del talento de Maurice Ravel fueron detectados por un discípulo suyo, a principios de 1933, al observar errores flagrantes en la partitura de Don Quijte y Dulcinea, la obra que el maestro llevaba entre manos. Casi al mismo tiempo, diversos amigos del compositor notaron errores importantes en las cartas manuscritas que reibían.

 Los déficits neurológicos se acentuaron rápidamente y, en pocos meses, Ravel quedó convertido en un analfabeto verbal y musical. La pérdida progresiva de habilidades del celebrado autor francés tuvo, sin embargo, unos resultados finales tan peculiares que los neurobiólogos aún se apasionan por el caso.

 El motivo de interés es fácilmente comprensible: Ravel sufrió, parece ser, un proceso degenerativo que afectó, selectiva y moderadamente, algunas de las regiones de su cerebro, dejando unos síntomas que constituyen una valiosísima grieta de acceso a las intimidades del cerebro musical.

Justine Sergent, del Instituto Neurológico de Montreal revisó el tema no hace mucho (1993) y nos dejó una descripción espléndida. Ravel quedó totalmente privado de la facultad de componer música. De hecho, después de unas primeras reacciones negando el déficit, se dio cuenta perfectamente de su incapacitación progresiva y la comentó con sus amigos más íntimos.

Les explicó, por ejemplo, que tenía la ópera Juana de Arco en la cabeza, pero que ya no era capaz de trasladarla al pentagrama. Perdió también la habilidad para leer partituras y acabó sin poder tocar ni cantar de memoria, fuera de las primeras estrofas de algunas piezas. Podía, en cambio, ejecutar escalas al piano sin ningún problema y conservó, aparntemente, en plenitud, la memoria musical, reconociendo melodías y saboreándolas, y siendo capaz de seguir sus propias composiciones hasta el punto de indicarles los errores a los intérpretes.

Sus habilidades lingüísticas también quedaron afectadas de una manera particular y, aunque perdió las facultades de leer y escribir, podía hacerse entender a través de un habla inexacta pero suficiente, y conseguía seguir, con ciertas dificultades, las conversaciones ajenas.

Murió cuantro años más tarde, en 1937, y de los comentarios del neurocirujano que le hizo la autopsia, se desprenden una probable afectación en unos territorios cerebrales del hemisferio izquierdo que gobiernan la elaboración del lenguaje en la mayoría de las personas. Es un lugar donde confluyen la inforamción auditiva y visual, así como los patrones de organización espacial. Esta zona fue descrita a finales del siglo XIX por el neuropsiquiatra alemán Karl Wernicke.

Y curiosamente, en esos mismos territorios, un grupo de investigadores de la Universidad de Düsseldorf encontraron en 1995 evidencias anatómicas en individuos sanos que las relacionaban con el talento musical, una zona llamada planum temporale.

Fuente: Neurocotilleos, de Adolf Tobeña

También lo podemos obeservar en los casos de sinéstesia, en la capacidad que tienen algunas zonas del cerebro para adaptarse a una nueva tarea cuando la especificamente dedicada a aquella se ha visto afectada, por ejemplo por un ictus; en tantas cosas, como en la comunicacion interhemisfericas, el quiasma, en la escritura especular de Leonardo Da Vinci.