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lunes, 1 de febrero de 2010

Constelación del Cisne y Deneb

Casi las 4 de la mañana, por encima del horizonte una luz redonda y grande, muy blanca en la oscuridad. Observo, la mirada está entre el oeste y el norte, más hacia éste último; me pregunto “¿Eres Vega?” Y no, es Deneb… de la Constelación del Cisne.




Los egipcios fueron los que observaron un ave en vuelo, según su localización, en épocas estivales y fueron los griegos los que reconocieron que se trataba de un cisne. Ptolomeo en su “Almagesto”, la consideraba su estrella principal, a la que él la llamó Alfa-Cygni, pero ya quedó con el nombre que le dieron los egipcios: Deneb.(Dhaneb)

Dicen algunos astrónomos que Deneb está como a unos 3.200 años luz, que en un sólo día genera tanta energía como el Sol en 140 años, que su luminosidad es 54.400 veces superior a la de éste y que podría ser una nova.

(Una nova incrementa en varios miles de veces su brillo original en cuestión de días o de horas. Después entra en un periodo de transición, durante el cual palidece, y cobra brillo de nuevo; a partir de ahí palidece poco a poco hasta llegar a su nivel original de brillo.

Las novas son estrellas en un periodo tardío de evolución. Explotan porque sus capas exteriores han formado un exceso de helio mediante reacciones nucleares y se expande con demasiada velocidad como para ser contenida. La estrella despide de forma explosiva una pequeña fracción de su masa como una capa de gas, aumenta su brillo y después se normaliza.

La estrella que queda es una enana blanca, el miembro más pequeño de un sistema binario, sujeto a una continua disminución de materia en favor de la estrella más grande. Este fenómeno sucede con las novas enanas, que surgen una y otra vez a intervalos regulares.)

La constelación



Son muchas las historias diferentes en la mitología por lo que no es fácil encajar bien qué simbolizaba realmente el cisne y tenemos varias versiones o acontecimientos con que los griegos lo asociaban:

Una de ellas cuenta que Zeus adoptó la forma de esta ave para seducir a Leda con la que concibieron a Helena de Troya.
Otra lo hace con Orfeo, que fue transformado en cisne después de su muerte y puesto en el cielo cerca de su Lira por Zeus. El canto del cisne sería explicado por esta leyenda, la triste historia de Orfeo y Eurídice...

El cisne en general está conectado con la muerte, sobre todo en mitos eslavos, celtas y nórdicos, ya que este animal es que el que se encarga de llevar las almas de los muertos a su última morada; hay incluso quien dice que las Walkirias, guerreras que velan por las almas de los valientes, se transforman en cisnes cuando salen del Valhalla.

Pero no todo es triste y deprimente sobre el cisne. No debemos olvidar que el cisne era uno de los símbolos de Apolo. Había algunos cuando el dios nació en Delos y los llevaron a Hiperborea, en el norte, donde Apolo pasaba el invierno.

Pensando en todo esto observaba la estrella con telescopio no astronómico y fascinado en sus irisaciones como vahos eléctricos, me dejé llevar por ella: el punto de una constelación con el que los hombres recrearon un cisne, transmitieron historias y vivieron tan fascinados como yo vislumbrando ese redondel luminoso en la noche, Deneb.