Si amanece y ves que estoy durmiendo... despiértame.

Eres un ganador, no porque no hayas perdido nunca sino porque nunca das nada por perdido. Regalo de Cherokee

martes, 10 de marzo de 2009

Todos padecemos una enfermedad degenerativa: La vida


Es muy fácil comprobar esto. Desde que empezamos en el medio acuático y nos metamorfoseamos en organismos terrestres, vamos cambiando absolutamente. Es así como el bebé se va degenerando para dar paso al niño, el niño al adolescente, el adolescente al joven, el joven al adulto, el adulto al viejo y el viejo al…

Si conocemos por ejemplo a un niño y lo vemos después de varios años ¿Qué observamos? Que ha degenerado en adolescente. Un adolescente desconocido para nosotros. Su niño ha muerto para dar paso en esa metamorfosis a las demás etapas.
Y así con todas.

Esa degeneración física produce cambios en todo el organismo, pero existe una central que va dejando registrada cada etapa, por la que aunque desaparezca va sumando hechos en lugar de restarlos.

Yo no me fiaría por lo tanto de que un organismo muera cuando dejamos de verlo… Tampoco lo vemos en la etapa acuática, sino a través de máquinas que con el tiempo hemos inventado. Por eso cuando un cuerpo desaparece de nuestra visión, percepción y tacto, hecho al que llamamos muerte, no significa que haya desaparecido para siempre, sino que ha degenerado en otro estado diferente. ¿O no? Si hemos sido peces, si hemos sido vertebrados terrestres, nos faltaría el aire… ¿Cómo somos en él?

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En fin… no nos perdamos el estreno del nuevo Tannhauser con desnudos y sexo. Hay que ver lo que se inventa para que nos pasemos horas viendo una ópera de nuestro querido y exhaustivo Wagner. ¿Parte del sistema degenerativo para la continuidad…? Quizás eso nos aclara que sin degeneración no hay regeneración y por ende generación.
La respuesta en el primer estreno allá por el 1845 fue tibia; ésta será caliente...

La ópera más sensual de Wagner en el Teatro Real de Madrid: